Hace algunos años que visito regularmente la zona de Petorca y sus alrededores, en específico Huaquén. Esta localidad, en el transcurso de los últimos 5 años se ha poblado a gran velocidad, pasando de ser un gigantesco bosque solitario entre cerros y playa, a un poblado gigante, y que, tal cual sucede en todo lugar donde habitan personas, comienzan a surgir necesidades básicas como comida, electricidad y por, sobre todo, consumo de agua; fuente de vida y un recurso indispensable para el ser humano.
Cuando llegué por primera vez a la zona, no pude más del asombro y sorpresa respecto al agua potable, dado que pese a ser un bien esencial y, en rigor, derecho universal, es casi un tesoro tenerla, ya que es su presencia es del todo muy escasa en este lugar.
Los habitantes y quienes frecuentan la zona, se ven obligados comprar y guardar agua en estanques para de esta manera abastecerse del cotizado suministro. En un principio todo era pedir de boca, pues el funcionamiento era similar al de un reloj suizo; impecable. No obstante, con el paso del tiempo y el aumento en su demanda, generó un drástico giro en 180º para transformarse en una preocupación constante y en futuro incierto.
Entre mis visitas a Huaquén, encontré a Don Ramiro, fiel reflejo de esfuerzo y testigo directo del triste cambio y quien suministra de agua a los residentes y visitantes, configurándose como un hombre con conocimiento de causa y cuya palabra es autoridad en la zona. Con angustia, mientras entregaba a mis padres unos pocos bidones, relata que “ El pozo está secándose y que si no llueve como antes, nos vamos a quedar sin agua”.
Ahí constaté que creemos tener seguro en la vida todo, pero la naturaleza se encarga de enseñarnos a golpes que debemos cuidar nuestros recursos. Me pareció inconcebible que el agua se acabe en tan poco tiempo y que por ello, familias completas quedarán desabastecidas de este recurso tan importante.
Ver correr el agua tras dar la llave, para mí siempre ha sido un acto de magia, tanto así que jamás pensé en que tal maravilla podría tener fecha de vencimiento, siempre fue algo propio a cada persona y parte de nuestra existencia. Hoy muchos pueden seguir disfrutando, pero en Petorca, esto es una utopía.
Petorca o Huaquén, son localidades de poca difusión pero sin duda como ellas, hay muchas no solo en Chile, sino a nivel mundial. Mientras el progreso se centra en las grandes urbes, este mismo avance carcome la esencia de los espacios que no han querido entrar en este sucio juego pero que, pese a su negación de estar en él, terminan perdiendo porque otros así lo decidieron.
Petorca no está sin agua por culpa de sus habitantes, sino por los viles intereses de otros que piensan en su bien propio y no en el común ni menos en el del planeta tierra. Sus habitantes, al prever las consecuencias, alertaron a las autoridades y a quienes pasaran por sus tierras, llamando a las noticias incluso pero ya sabemos que no fueron escuchados.
¿Por qué nadie los escuchó? Miles de veces expresaron su preocupación por el aumento explosivo de las plantaciones de paltos y el mal manejo de las aguas subterráneas, pero quienes debían oír esta crónica de una muerte anunciada, han estado siempre con intereses creados y haciendo vista gorda ante las demandas.
En 2012, Petorca y sus alrededores fueron declarados como zona de escasez hídrica y pese a ello, la densidad demográfica y demanda por el consumo de agua, ha ido en alza sin tampoco ideas estrategias de mitigación o soluciones concretas en beneficio de la población.
La solución no es que solo llueva, que ya es un acto milagroso. La solución es asumir responsabilidades y enmendar los errores, pues de nada sirve que el cielo llore para que nuestros pozos se llenen si siguen existiendo esferas de poder que lucran a costa del sufrimiento de los humildes.
La OMS recomienda y establece como piso mínimo para el consumo diario del agua, 100 litros para cada persona tanto para el consumo como higiene, sin embargo, Huaquén con suerte, puede optar a los 50 litros.
¿Qué tan terrible tiene que ocurrir para que las autoridades competentes se hagan responsables? ¿A qué tenemos que llegar nosotros como ciudadanos para tomar conciencia sobre el uso responsable del agua?
Anhelo de todo corazón que no se nos haga demasiado tarde cuando por fin queramos arreglar esto. Todavía estamos a tiempo y es nuestro deber tomar acción y evitar lo que podría ser una real guerra hídrica ¿realmente vamos a ignorar la espantosa realidad que está frente a nuestros ojos?
Ayer no se pudo, quizás en el hoy podamos, pero sin duda en el mañana tenemos que estar junto a Petorca y todas las otras localidades que viven su realidad. Ellos nos necesitan, así como nosotros al agua.